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Relatos La Candela
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Siempre hay un espacio y un tiempo privilegiados para contar. La diferencia no está tanto en el qué como en el cómo. En el aliento que inspira los relatos. Se evoca un tiempo y un lugar bien diferentes. Pongamos una ventisca de nieve y un caserón viejo en cualquier pueblo. Los hombres y mujeres, se reunían después de la cena en una casa para contar historias y chismes al calor de la lumbre. Cantaban, cotilleaban, se hacían confidencias y mientras aprovechaban las horas muertas para hablar y contar cuentos. Relatos cortos, y ricos en agudeza..... La Candela anima a enviar relatos, cuentos, pequeñas historias que relacionen, los viajes y la permanencia en casas, paisajes, espacios naturales o urbanos. Los autores de los relatos que se publiquen en esta página quedan invitados a pasar una noche en La Candela. |

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RELATOS desde La Candela
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Ahora que se aproxima el otoño, que los fríos empiezan a apretar, que el fin del año se anuncia, ahora que todo invita al recogimiento al amor de la lumbre en este refugio de La Candela que los avatares han convertido en mi último lugar de descanso, salvo lo que Nuestro Señor disponga, no puedo resistir a la tentación de dejar constancia de aquellos sucesos que yo Fray Bernuy de Coca, ya retirado del servicio religioso, si es que se puede retirar un instante siquiera, vi, conocí o me contaron en las interminables travesías que realicé por el mundo, acompañando a mi hermano, no en la fe pero si en el esfuerzo, Ibn Battuta.
Corría el año del Señor 1325 cuando emprendimos un recorrido que nos habría de llevar a Alejandría, Damasco, Constantinopla y aún más allá, hasta la majestuosa, asombrosa y centro de las maravillas ciudad de Samarcanda. Cuando volvíamos cargados de regalos y demás baratijas y sobre todo cargados de conocimiento buscábamos un lugar donde poder reposar los cuerpos y almas para que todo lo que nos había entrado por los agujeros: boca, ojos, oídos, nariz, y aún otros que mi natural pudor no mencionará, pudiera asentarse, ser asimilado e incorporado a nuestro ser.
Fue en una de estas búsquedas cuando me topé con un ventero al que acontecimientos luctuosos le habían dejado sin hijos ni mujer que le permitiera atender el negocio y pensando retirarse con unos parientes lejanos que le habían ofrecido una choza donde reposar sus huesos me ofreció la posibilidad de hacerme cargo de aquel lugar. Nos pareció una idea excelente, justamente por estar la mayor parte de nuestro tiempo en el camino, tener un lugar al que volver, donde podríamos guardar y compartir con el que que quisiera pasar un tiempo, los innumerables relatos, unos ciertos, otros puede que inventados ¡qué importa, alabado sea el Señor! que nuestras caminatas y las de los que nos acompañaban nos hubieran traído.
Pero no quiero adelantar acontecimientos. Antes de que mis pasos me llevaran a este lugar desde el que escribo estos recuerdos a la luz de una candela, debo reflejar que yo era un zagal, hijo de unos padres cristianos a los que los avatares de las guerras les habían llevado a servir a los muy nobles señores de Battuta allá en la ciudad de Tanger. Cuando se organizó la expedición que debería llevar hasta la ciudad del gran conquistador, toda mi familia partió acompañando al señor. Recorrimos el norte de África hasta llegar a la ciudad de Alejandría y desde allí remontando la corriente del Nilo buscar las fuentes del río, en el país de los nubios.
2
Carta de Ibn Battuta a Fray Bernuy de Coca
Viendo que el final de mis días se aproximan y recordando la firme amistad que nos unió, vuelvo a afirmar aquella promesa que te hice en las calles de Samarcanda cuando me sacaste de más de un apuro en que mi natural impulsividad me hacía caer. Pasamos largas semanas disfrutando de la hospitalidad que nos ofreció el gran Tamerlan, de los riquísimos manjares con los que el gran Kan nos obsequiaba, acumulando telas de seda que venderíamos a precio de oro en los mercados europeos, cuando sentados a la sombra de una palmera y arrullados por el sonido de una fuente te encomendé la misión de recoger la experiencia de aquellos años de exploración que habíamos hecho y que lo plasmases por escrito para que las generaciones posteriores guardasen recuerdo de nuestra experiencia por países ajenos, distintos, extraños que al fin y al cabo no son más que uno solo, el país que forman los seres que se mueven por el mismo deseo que nos llena a todos: conocer más, saber más, llegar hasta el final y sobrepasarlo si fuera posible y después cuando solo nos queda la fuerza de la mente, cuando ya no somos más que sentimiento, fundirnos con nuestra obra sin saber diferenciar donde acaba cada uno. Como quiero que no te perturbe ningún problema economico, he mandado que regularmente te lleguen los suficientes ingresos monetarios para que desde el refugio que has encontrado allá en tu tierra, puedas alcanzar la misión que te encomiendo. Envidio poder estar contigo, sentados al calor de un fuego, hablando reflexionando y elaborando el sentimiento de paz y plenitud que con seguridad habrás alcanzado y que pude compartir contigo en algunos momentos que nuestro deambular por el mundo nos permitió.

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